Voy a cumplir 37 años, tengo un trabajo fijo, soy padre de dos niños pequeños y paso la mitad de mi tiempo libre paseando con ellos de Amboage a la plaza de Armas y vuelta. No he ido a una manifestación en mi vida, exceptuando la del 11-M, no milito ni he militado en partido político alguno, y hasta que hace un año me hice socio de la Asociación de Vecinos de Ferrol Vello nunca había formado parte de ninguna organización social, cultural, sindical, de opinión o de otro tipo.

Como ven, no es el mío un perfil muy agresivo. Pero este perfil, que en ciertos ambientes me dejaría en inferioridad de condiciones, creo que me permite dirigirme con cierta confianza a ustedes, a quienes se consideran personas tranquilas, que creen que los problemas del día a día y no las entelequias teóricas son los que verdaderamente importan, que las batallas que libran son para poder llegar a fin de mes y conseguir que sus hijos estudien, que sospechan que detrás de muchas buenas causas no hay más que intereses políticos, que no se ponen camisetas con eslóganes reivindicativos, que difícilmente se van a identificar con alguien que corte el tráfico o queme neumáticos en la calle y que nunca han visto en la presencia de un policía una amenaza sino todo lo contrario. Y me gustaría hacerlo para contarles lo que está pasando con Reganosa.

Miren, el problema de la planta regasificadora, el problema de la entrada del gasero de estos días, no es el problema de unos cuantos radicales, ni de cuatro ecologistas utópicos, ni siquiera de los mariscadores: es un problema que nos afecta a todos, que les afecta a ustedes; y es un problema bien real.

La regasificadora, en su emplazamiento actual, no cumple prácticamente ninguno de los requisitos de seguridad que tanto la legislación española como la europea exigen. Así de simple. No crean a quienes les aseguran lo contrario. Se infringen varios Reales Decretos, Leyes, Directivas europeas y normas UNE. Ese tipo de instalación y la actividad que se va a desarrollar en ella, declarada peligrosa por la Unión Europea, así como el tráfico marítimo de buques de ese desplazamiento y con esas cargas, están sujetos a una estricta normativa. Normativa que se debe aplicar desde el momento de elegir su ubicación y que se resume en la obligación de efectuar un estudio previo y riguroso de impacto ambiental, dejar un área de seguridad adecuada hasta los núcleos poblados más próximos, y garantizar la salida de los gaseros en caso de emergencia. Y es inadmisible que no sea así. Ya que por muchas medidas y protocolos de seguridad que los responsables hayan contemplado es evidente que hay un riesgo; y un riesgo, además, enorme.

Fíjense hasta qué punto esto es verdad, que la planta de gas de Reganosa es la única de España a la que el Banco Europeo de Inversiones (BEI), en razón de esas irregularidades, le ha negado su financiación.

Da igual si tiene o no tiene los pertinentes permisos de la Administración. ¿No se dan cuenta de que quien da esos permisos es parte interesada?, ¿que las instituciones tienen dinero en el proyecto? Tiene permisos administrativos, o los tendrá, pero es ilegal.

Me dirijo a ustedes porque ustedes son mayoría. Los políticos gobiernan para ustedes, y los medios de comunicación les informan a ustedes. Y es lo que hagan o dejen de hacer ustedes lo que más importa. Por eso las instituciones públicas y parte de nuestra prensa han intentado presentar lo de estos días como una serie de actos violentos y marginales, o como un problema de los mariscadores (cuando los mariscadores han hecho una labor esencial y han dado la cara más que nadie, sí, pero lo han hecho integrados en un colectivo mucho más amplio), para que el resto de la población se desentienda. Para que ustedes no se sientan identificados con las protestas. Pero les aseguro que eso es falso, que aquí no hay alborotadores ni partidos políticos intentando manipular a nadie (de hecho, sólo uno, IU, se ha mostrado en contra de la planta, mientras todos los demás daban su visto bueno), ni se trata de la guerra particular de ningún colectivo, ni de unas reclamaciones ilógicas e idealistas. Se trata de un problema de todos, que supone una amenaza real para nuestra integridad física y la conservación de la ría, y para el que se propone una solución factible e incomparablemente mejor por seguridad, salud medioambiental e incluso impacto sobre el paisaje.

Nadie habla de quedarse sin planta de gas, de renunciar a ella, sino de no permitir que una actividad peligrosa se lleve a cabo en el interior de una ría densamente poblada y con un acceso estrecho y dificultoso. Hay un puerto exterior que podría albergarla, y que además encontraría en ella la razón de ser de esa segunda fase que está resultando tan difícil justificar.

Éste es también su problema. Hay gente que está intentando que se cumpla la ley y está dando la cara por ustedes. Por nosotros. Ellos ya están convencidos, convénzanse ustedes y hagan suya esta batalla. Es razonable y es justa, y en ella tendrán ustedes a la ley de su parte.

Fernando Soto Maceiras

Secretario de la AVV Ferrol Vello

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